Me asomo a la ventana de oscura madera
Mientras veo como rauda la vida pasa
Cobijado, pensativo en mi humilde casa
Observo a los niños jugar en la acera
Y vuelve a mí la infancia tan lejana
La de las calles rotas y los disparos
Donde el juego se interrumpió por las sirenas
Donde en el día encontraba pocos destellos claros
Donde la oscuridad de una fría guerra
Acabó por arrancarme a mis hermanos
Y donde tuve que apartar con triste desgana
La dulce infancia en mi adultez temprana
Así aprendí a callar lo que el alma llora
Crecí sin sacar las lágrimas de mi alma afuera
En aquellos años la risa se perdió en la nada
Años recubiertos de dolor y de pena
Recordé entonces la voz de mi padre, elocuente
Que decía con voz un tanto cansada
Que esta edad jamás la vería retornada
Ahora mayor, con tanta experiencia ganada
Puedo afirmar que la cita era acertada
Gracias le doy al cielo por el ahora
Donde los niños pueden crecer en paz
Donde la infancia no es ya cosa rara
Ahora les observo, viven la infancia amada
Tíñase la calle con su risa inocente
Retórneme el recuerdo de aquella época lejana
Donde la curiosidad del niño aflora
Y la creatividad al pequeño ampara
Disfruten los niños alegres la primavera
Pues como el cerezo que poco dura su flor
Así la valiosa inocencia no espera
¡Oh! alegre juventud, euforia perecedera.



